martes, 15 de diciembre de 2020

RECUERDOS EN CAL. EL COMIENZO DE LA BIBLIOTECA DEL IES SALDUBA.

 

          El 16 de diciembre se conmemora el Día de la Lectura en Andalucía, cuyo objetivo es el fomento de la lectura. En nuestro centro, desde sus inicios, esta empresa ha estado íntimamente ligada a la Biblioteca, entendida esta no solo como un servicio de préstamos de libros, sino como el eje vertebrador de la actividad cultural del centro.
    
         Si hoy disfrutamos de este espacio en el Instituto Salduba es gracias al esfuerzo e ilusión de profesores como Andrea Villarrubia, quien lideró el proyecto de creación de la biblioteca junto a otros profesores que se implicaron en el mismo al ilusionarse con la idea de dotar al centro de ese espacio de recursos tan necesario para el alumnado.

         Desde sus orígenes, los responsables de la Biblioteca se esforzaron por organizar actividades culturales en ella. Una buena muestra de ello es "Letras en cal", que se ha mantenido hasta nuestros días  y que este año inicia su etapa digital en este blog.

          Invitamos a leer el siguiente texto en el que nuestra querida y admirada Andrea Villarrubia hace un recorrido por la historia de la fundación de la Biblioteca del Salduba. Aprendamos de la ilusión de aquellos profesores para seguir creando experiencias culturales en nuestros alumnos.


Recuerdos en cal. El comienzo de la biblioteca del IES Salduba.

 

 

Imaginar y recordar…

Hay un momento que no es mío,

no sé si en el pasado, en el futuro,

si en lo imposible… Y lo acaricio, lo hago

presente, ardiente, con la poesía.

 

José Hierro

 

Contaré cómo comenzó todo. En septiembre de 1989 ocupé por concurso de traslado una plaza de Lengua y Literatura Españolas en el IES Salduba de San Pedro de Alcántara. Desde el primer momento formé parte del pequeño grupo de profesoras y profesores que se encargaría de hacer que la biblioteca del centro fuese algo más que un sitio en el que guardar libros. Ese verano se realizaron obras y se prepararon estanterías para colocar los libros dispersos por los distintos departamentos. Libros que estaban sin clasificar y los que lo estaban no seguían criterios unitarios. Hasta entonces no existían personas dedicadas a la organización de la biblioteca y el espacio estaba mal aprovechado. El material elemental era escaso o no existía, solo se contaba con unas pocas mesas y sillas. No había, por supuesto, un presupuesto específico para la biblioteca.

 Durante los dos o tres primeros años se fue reorganizando el espacio disponible y se realizó el arduo trabajo de clasificación y distribución de los libros en los distintos estantes. Se adquirió el material indispensable para realizar el trabajo de catalogación de los libros: fichas, ficheros, papeleras, escalera, materiales de escritura… El nuevo mobiliario se consiguió en esos años. En el curso 1992-1993, con la colaboración de la APA, se adquirió un ordenador con un programa adecuado para la biblioteca, lo que supuso un avance enorme.

Por primera vez, la biblioteca se consideró un departamento más y tuvo su propio presupuesto, que fundamentalmente se dedicó a la compra de libros de literatura juvenil adecuada a los intereses del alumnado. Se hizo un gran esfuerzo para que la narrativa contemporánea estuviera bien representada y, sobre todo, se creó una sección de poesía que no existía hasta entonces. Se compraron libros pensando en lecturas que no fuesen las lecturas obligatorias de los temarios.

Un salto cualitativo en la implantación de la biblioteca fue la puesta en marcha de un horario de permanencia del profesorado en la biblioteca para realizar préstamos y consultas. Fue un logro si consideramos que nunca había existido. De ese modo, incluso los recreos estaban atendidos para que el alumnado pudiera retirar o devolver libros.

 También habría que destacar que a partir de entonces la biblioteca solo se utilizó para lectura, estudio o consulta y se creó el ambiente adecuado para estos fines.

 Se crearon unas mínimas reglas internas para evitar en la medida de lo posible que los libros se desordenaran o se perdiesen. Con el esfuerzo de todos se consiguió que fuera anecdótica la perdida de algún libro al acabar el curso.

Sería muy larga la lista de actividades que se realizaron en los primeros años de funcionamiento de la biblioteca, pero quisiera destacar las siguientes:

-        La celebración de ferias del libro en el mes de abril y con motivo del Día del          Libro, con exposición y venta de libros en colaboración con librerías de San Pedro de Alcántara y de Marbella.

-      Exposición a final de curso de los libros adquiridos para la biblioteca durante el curso.

-       Exposiciones en colaboración con distintas personas y entidades, como por ejemplo:

 

·         Exposición ‘Pintando poesía’. Con motivo del 50 aniversario de los premios de poesía Adonáis, un grupo de ilustradores realizaron cuadros a partir de poemas de escritores que obtuvieron en algún momento el citado premio.

·         Exposición del fotógrafo Juan Ferreras ‘Agosto en Sarajevo’, una exposición de 45 fotografías de gente de la calle: ancianos, niños y la cotidianidad de una ciudad cercada por los serbios.

 

-     Encuentros con autores como Javier Egea, Luis García Montero, Aurora Luque, Justo Navarro o José Hierro.

-         Mención aparte merece la atención que se dedicó a la poesía desde la aparición en el curso 1991-1992 de un poema distinto todos los lunes que se colocaba en una de las paredes libres de estanterías. Durante el curso 1993-1994 se hizo un concurso con los alumnos de 3.º de Bachillerato para darle nombre a lo que ya se venía haciendo cada semana. El que más gustó fue ‘Letras en cal’ y así se llamó a partir de ese momento. Creo que fue uno de los nombres más poéticos que un espacio de poesía pueda ambicionar. Todos los lunes, versos de poetas como Rainer Maria Rilke, Emily Dickinson, Walt Whitman, Alejandra Pizarnik, Pablo García Baena, Antonio Gamoneda, Silvia Plath, Luis Cernuda, Elena Martín Vivaldi... aparecían en fotocopias grandes que se pegaban en la pared, a la vez que en tamaño más pequeño se dejaban en las mesas de la biblioteca a disposición de quienes quisieran recogerlos. Los poemas estaban extraídos de libros que se habían ido incorporando al fondo de la biblioteca que poco a poco se enriquecía con libros de otros poetas diferentes a los canónicos o de lectura obligatoria. La virtud de esa presencia era poder ofrecer de inmediato el libro original si algún alumno, y eran muchos, quería saber de dónde procedía el poema escogido esa semana. Una vez sembrada la curiosidad no faltaba la petición en préstamo del libro correspondiente para conocer la obra del autor. Los poemas de cada lunes actuaban de reclamo para la posterior lectura de los libros.

No es fácil mantener una experiencia como esta, pues se suceden las personas y los proyectos cambian, pero resulta una sorpresa maravillosa saber que ‘Letras en cal’ sigue presente casi treinta años después de su nacimiento. Hay que dar las gracias a quienes lo han hecho posible.

Fueron muchas las horas que se le dedicaron a la biblioteca, mucho el entusiasmo y mucho el trabajo que se realizó en esos años, pero lo más gratificante fue comprobar lo pronto que dio sus frutos, pues los préstamos aumentaban año tras año y, lo que considero más importante, la biblioteca se convirtió en el espacio de estudio, de encuentro, de lectura, de reflexión que habíamos soñado. Eso puso de manifiesto que las utopías se cumplen a veces. Los alumnos la hicieron suya desde el primer momento colaborando y disfrutando de un espacio de libertad conseguido gracias al esfuerzo de un grupo de personas entusiastas y confiadas, empeñadas además en sacar adelante una biblioteca escolar que apoyara y facilitara la consecución de los objetivos educativos del centro y de los programas de enseñanza. La colaboración de los alumnos en los proyectos que se llevaron a cabo fue siempre entusiasta y permanente, lo que fue un motivo constante de satisfacción. Al mismo tiempo se aspiraba a crear y fomentar en los jóvenes el hábito y el gusto por la lectura y también que amaran y utilizaran las bibliotecas a lo largo de sus vidas. 

Ahora, a finales de 2020, todo aquel equipo que sacó adelante la biblioteca con tanta pasión no está ya en el IES Salduba. Quiero aquí mencionar los nombres, por orden alfabético, de los principales artífices del proyecto: Trinidad Cebrián, Lola Cruz, Ana Fernández, Julio de la Fuente, Miguel Ramírez y Andrea Villarrubia. No es fácil que un grupo tan heterogéneo como aquel, con formación académica diversa, pertenecientes a departamentos distintos del instituto, luchase y colaborase en conseguir el sueño de cualquier centro educativo. Un equipo que, con la ayuda de otros compañeros y muchos alumnos, supo crear y defender un espacio de comunicación, encuentro y formación tanto de los estudiantes como de toda la comunidad educativa, un espacio donde se desarrollaron experiencias culturales que aún se recuerdan. Algunos de aquellos docentes, nos hemos jubilado, otros continúan su labor en otros institutos. Sin embargo, a pesar de la dispar situación personal y profesional, es necesario remarcar el orgullo que todos sienten al rememorar aquellos años. Lo más conmovedor de todo es comprobar el hecho maravilloso de que alumnos y alumnas que participaron y disfrutaron de aquella aventura sean los que ahora, ya como docentes, continúen manteniendo la biblioteca del IES Salduba. Ellos son la confirmación treinta años después de que aquel proyecto, ilusorio al principio, tenía sentido y demuestran cada día que las bibliotecas escolares son parte esencial de la vida de un centro educativo.

 

                                                                          ANDREA VILLARRUBIA DELGADO

 




 

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